LA TERQUEDAD DE CALDERON; INEFICAZ SU
ESTRATEGIA CONTRA EL CRIMEN
*Salvador Castañeda Luna
A estas alturas ya han transcurrido cinco años de Gobierno de Felipe Calderón y de estar aplicando su estrategia contra el crimen organizado, basado en el combate frontal mediante las fuerzas armadas, incluido el Ejército Mexicano, la Armada de México y con asesoría gringa.
El método de Calderón ha tomado la forma de una guerra que en lugar de abatir o cuando menos detener el fenómeno, se ha agudizado, porque desde el punto de vista militar, la guerra tiene varios frentes, por un lado la lucha entre los carteles que se disputan las diferentes plazas o territorios, el frente de las fuerzas del Estado contra las del crimen organizado y las de este con la sociedad civil que al no “colaborar” o dar su “cuota”, la reprimen, como el acto de barbarie cometido en el Casino Royale de Monterrey. El costo en vidas, según las cifras del propio gobierno ya rebasan las cuarenta mil muertes, muy superior a cualquier represión gubernamental como Tlaltelolco en el 68 o el jueves de corpus, el 10 de junio en 1971.
El costo social: esta guerra ha generado un deterioro enorme del tejido social, en primer lugar, porque los familiares de la mayoría de las victimas viven una pesadilla de por vida al no concebir que su familiar inocente haya perdido la vida de una forma horrenda, en segundo lugar en gran parte del país, sobretodo en el Norte y parte del Centro ya la sociedad vive atemorizada y se siente desprotegida, sus actividades no se realizan de manera normal o tienen que pagar su cuota al narco para no ser molestado, lo que ha generado que muchos negocios hayan optado mejor por cerrar.
El costo económico: durante este tiempo se ha dado prioridad al gasto gubernamental en materia de seguridad, para equipar con mejores armas a las policías, dotarlos de mas patrullas, entrenamiento, instalaciones, contratar más elementos y los gastos de traslado, mantenimiento y manutención, que ha repercutido en dejar de aplicar recursos en otras áreas que bien podían contribuir a reducir el crimen, si el Gobierno Federal no tuviera una visión tan limitada del fenómeno y no persistiera con su terquedad en sostener una estrategia que lejos de reconocer su fracaso la analiza con una lógica sin fundamento: “si no hubiéramos combatido el crimen, ahora la sociedad entera seria rehén de esos criminales”. En su lógica la disyuntiva es combatir o dejar de combatir, como lo proponen algunos, de hacer un pacto o una tregua. Pero esa manera de razonar es errónea, porque no se trata de dejar de combatirlo, sino de cambiar la estrategia, de cómo combatirlo, atacando las causas y no los efectos.
Está claro que una sociedad donde no hay empleo, donde la pobreza se agudiza todos los días y donde no hay verdaderas políticas públicas que fomenten la educación y la cultura, lo que está haciendo el gobierno con su enfoque, es echar más combustible al fuego, pues lanza cada día a una masa de jóvenes que van a caer a los brazos del crimen. Y luego se procede bombero, a intentar apagar el fuego, donde hay incendios. Por ello no es casual el fenómeno de los “ninis” y que el perfil de los detenidos que pertenecen a las bandas del crimen organizado sean jóvenes, en su mayoría de 20 a 30 años, que han encontrado en el narcotráfico y sus derivados, la manera fácil de obtener dinero, porque en realidad no han encontrado otra alternativa.
Ante las críticas de diferentes actores políticos y sociales a la estrategia del gobierno, Calderón responde molesto de que la tarea no es solo responsabilidad del Gobierno, sino que también de la sociedad y que si no avanza con mayor eficacia en su lucha contra el narco, es porque el Congreso no le aprueba, en este caso la iniciativa de ley de Seguridad Nacional.
Los aspectos positivos de esa iniciativa de ley para tener una mayor coordinación entre los tres niveles de gobierno, para afectar la estructura económica de las mafias, etc. No van a dar por si sola resultados, porque está concebida bajo la misma percepción: de que al crimen organizado se le va a vencer en el campo de batalla. Tan es así, que en la misma se contempla aplicar recursos para apoyar a las víctimas; otra vez atacando el efecto y no la causa.
La persistencia de Calderón, está representando una pérdida de tiempo, porque atacar el fenómeno en sus causas implica un proceso, que hasta ahora no se ha querido iniciar. Parece ser que la política del Presidente pretende que la sociedad toda, viva en la incertidumbre, en el temor y la pobreza para poderla controlar a sus designios. Ahora el crimen crece en profundidad y en amplitud territorial y el Gobierno se prepara para militarizar al país.
Ante tal hecho, queda claro que la responsabilidad toda recae en el Gobierno porque cuenta con los medios necesarios para decidir y poner en práctica la estrategia. Y si es terco y sordo, entonces tiene que asumir las consecuencias, desgraciadamente, como siempre, con mayores costos para el pueblo de México. Los trabajadores del campo y la ciudad, pero que no tenemos voz en los medios masivos de comunicación, manifestamos nuestro desacuerdo en esa forma tan limitada e ineficaz de atacar el crimen organizado. Reclamamos, como todos los mexicanos pacíficos, que queremos un México diferente, que ofrezca alternativas económicas para las nuevas generaciones que les permita tener las condiciones elementales para un proyecto de vida digno, mediante empleo debidamente retribuido y acceso al bienestar social.
*Dirigente del Movimiento Antorchista en San Juan Ixcaquixtla
No hay comentarios:
Publicar un comentario