30 de marzo de 2012

Articulo 300312

                                                         Articulo 300312 

México: La visita papal, los pobres y las elecciones de 2012.



Tito Ramírez
Articulista Invitado

Hace unos días, analizando el Enumma-Elis, poema épico muy antiguo hallado en tablillas en la tierra de los caldeos, escuché reiterar por parte de un gran mexicano, hombre ejemplar como intelectual y como luchador social, sobre el papel de la religión y su relación con el poder político, en el sentido de que la religión y el poder político siempre han estado unidos, porque la primera ha jugado el papel de justificar el establecimiento del segundo, con la finalidad de eliminar toda discusión sobre el por qué de que lo detentan ciertos personajes en función de los intereses de una minoría. Ello, me orilla a reflexionar ahora a raíz de la visita papal a México.

Si recordamos los procesos electorales recientes, hemos de recordar que en la primera quincena de junio de 2011, cuando el proceso electoral por la renovación de tres gubernaturas estaba en su fase culminante, una estridente noticia llegó a las primeras planas, había sido capturado Jorge Hank Rhon (personaje famoso conocido por exóticos gustos, escándalos y de conocida familia priísta) acusado del delito de acopio de armas; diez días después sus abogados lograron que fuera liberado.  Y apenas hace poco, las precampañas presidenciales y las intercampañas (término político-electoral nuevo, contenido en el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales,  como el periodo comprendido entre las precampañas y las campañas electorales), los señalamientos de la “justicia” mexicana en contra de renombrados políticos del Partido Revolucionario Institucional (institución política favorita para ganar las elecciones, según varias encuestas), generan la impresión de que se están usando todos los medios políticos y parapolíticos para la retención del poder por parte del partido en el Gobierno Federal.

Además, hay que recordar también las múltiples puestas en marcha de programas sociales e inauguraciones de obras importantes por parte del Gobierno Federal, luego de cinco años de escuchar sólo muertes, desolación y pobreza en nuestro país; así como del reciente “pronóstico” de un personaje importante en el medio económico mundial, en el sentido de que en ocho años nuestro país será la séptima economía más grande del mundo.

Para cualquiera que reflexione un poco sobre la historia de los últimos doce años de gobiernos, debe quedar claro que la dichosa “transición a la democracia” es una fantasía sólo de quienes creen que la democracia consiste sólo en una “alternancia en el poder” o de quienes piensan en una “república del amor” facciosa y sin propuestas para los millones de pobres del país; para aquellos que viven en “un mundo maravilloso”, sin ver si la democracia de que tanto se ha traducido en la mejora de las condiciones de la vida del pueblo en general.

Si tomamos en cuenta que más del 86% de los más de 113 millones de mexicanos se cuentan entre los 1,196 millones de católicos en el mundo (es decir, alrededor del 10% mundial), como lo afirman estudios serios; no nos debe ser ajena la posibilidad de que el Gobierno Federal esté utilizando la manipulación religiosa para lograr fines políticos, puesto que es del conocimiento general que el Partido Acción Nacional ha sido fiero defensor de los intereses de la iglesia mexicana; y quizá ha llegado el momento de cobrarse algunos “favorcitos” a sus aliados (los de la Iglesia Católica), por ejemplo las leyes antiaborto, la falta de persecución judicial a los casos de pederastia cometido por curas de dicha iglesia, entre muchas cosas, incluyendo la última reforma del artículo 24 constitucional con el que la Iglesia Católica recupera varios de sus antiguos privilegios.

Es necesario que el pueblo aprenda a pensar y reflexionar políticamente, porque la falta de educación crítica y de calidad ha llevado a ser al pueblo mexicano a la ignorancia y, por ende, a la facilidad de su manipulación; por eso ha sido siempre carne de cañón y de urna de los partidos políticos en las campañas electorales y avanza lentamente a su organización y a entender la lucha como único medio de solución a su problemática, además del consuelo que le da su fe.
Hoy el pueblo debe recordar que si bien puede existir el paraíso divino, vivimos un mundo terrenal bastante descompuesto, en donde un dolor insoportable sufren los mexicanos sin empleo, sin educación y en condiciones paupérrimas. Y es menester acordarse de que según el libro de Mateo del Nuevo Testamento, el propio Cristo (el mesías de la Iglesia Católíca), al preguntársele sobre la licitud de pagar impuestos al César, sentenció:

—«Hipócritas, ¿por qué me tientan? Enséñenme la moneda del impuesto».
Le presentaron un denario. Él les preguntó:
—«¿De quién es esta cara y esta inscripción?».
Le respondieron:
—«Del César».
Entonces les dijo:
—«Pues denle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

Así, los mexicanos también, podemos profesar la religión que más nos agrade o convenza, pero hay que recordar que la política es otra cosa, pues de los gobernantes depende nuestra vida terrenal y de la elecciones próximas dependen seis años más de vida del pueblo mexicano. Hay que tener claro que la organización y la lucha son los únicos medios para aspirar a mejores condiciones de vida y, mientras logramos la unidad de la mayoría de los mexicanos para establecer un gobierno verdaderamente popular, sólo hay que creer en la orientación de los líderes sociales que han demostrado su entrega a las causas de los más pobres.

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