Articulo Semanal 170412
Ernst tiene razón
Aquiles Montaño Brito
Responsable de Prensa y Publicaciones
Movimiento Antorchista Puebla
Hace unos días, el Nobel de Química de 1991, Richard Ernst impartió una conferencia en una conocida universidad de Puebla, y a mí me parece que sus palabras deberían ser recogidas por todos los medios de comunicación del país, y divulgadas por lo menos con el mismo empeño que se le pone a la difusión de la imagen de los candidatos en las campañas políticas que hoy nos invaden, porque analiza seriamente el problema más grave que sufre nuestra patria.
Transcribo a continuación varios fragmentos de la nota que publicó al día siguiente de la conferencia el portal de Internet e-consulta:
“México es un país con una pobreza desesperada, con millones de pobres y analfabetas, pero con riqueza sin sentido de pocos hombres ricos.
“Al impartir la Conferencia Nobel UDLAP 2012, dijo que somos un país que garantiza la riqueza de unos pagando bajos sueldos, es decir gente que trabajó bien pero son mal pagados a pesar del esfuerzo en el trabajo. El país sigue manteniendo tasas de desempleo altas que se han incrementado en la última década, recalcó.
“Recordó que según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) los mexicanos trabajan los días más largos, y son de los que menos ganan entre los países evaluados.
“En este país hay tiempo para educar a líderes productivos en la industria ciencia e incluso la política, ya que se necesitan modelos y a alguien a quien puedan seguir.
“Pidió a los mexicanos no esperar a que alguien más haga el cambio y una mejora sustancial se puede lograr en 30 o 40 años, buscando el altruismo y la compasión”.
¿A poco no da en el clavo? ¿A poco no es cierto que en México se trabaja mucho y se gana poco? ¿No es cierto que nuestra clase empresarial y política está acostumbrada a la vida de rey gracias al sudor de los trabajadores? ¿No es cierto, acaso, que México necesita nuevos y mejores líderes, más comprometidos con la gente y menos con el capital? ¿O se equivoca cuando dice que no debemos esperar a que a golpes de altruismo, el mesías renacido nos venga a salvar de las penurias que sufrimos?
No se equivoca el famoso científico. Digo y sostengo que, como los buenos francotiradores, el tiro es directo y a la cabeza: los mexicanos sufrimos la explotación rapaz de la clase empresarial, y ésa es la razón de nuestra miseria.
Las palabras de Richard Ernst tienen aún más valor por tres razones: porque un verdadero científico sabe reconocerse a sí mismo como un buen político, capaz de desmenuzar la realidad en que vive. La imagen del científico loco, atado a su laboratorio como ratón de biblioteca, sin más preocupación que la ciencia por la ciencia y abstraído completamente de lo que sucede fuera de sus experimentos, es precisamente la imagen de cómo nos quiere educar el capital, que nos corta la posibilidad de desarrollarnos como seres multifacéticos, conscientes de la realidad en que vivimos. La segunda razón es que el químico no es mexicano, y a pesar de eso, supo encontrar cuál es el problema fundamental del país, con mucha mayor puntería que la de nuestra pobre clase política, intelectualmente abatida. Y la tercera razón, probablemente la más importante, es que Ernst habla de la explotación y el alarmante crecimiento de la miseria, justamente en medio de una crisis prolongada del capitalismo mundial, con las graves repercusiones que tiene sobre el pueblo mexicano, y en medio de la guerra de las increíbles promesas de los candidatos que hoy hacen campaña para ocupar un puesto en el gobierno, asumiéndose todos como el político que le hace falta a México para resolver sus males.
En la ponencia, también asoma ya la solución “no esperar a que alguien más haga el cambio”.
La frase la dice todo mundo: “el cambio somos nosotros”, “tú eres parte del cambio”, y de ahí se siguen a “el verdadero cambio está por venir”, pero suena hueca cuando no la raíz del problema a cambiar no se ha encontrado.
Pero cuando la nuez ha sido descubierta, cuando se ha dicho que el problema fundamental es la explotación inmisericorde de la mano de obra, la frase debe convertirse en un grito de guerra para los explotados trabajadores mexicanos: no habrá cambios sustanciales en nuestra vida y nuestra miseria no se acabará, mientras pongamos todas nuestra esperanzas en que la democracia actual dé un hijo que nos salve a todos. Es necesario que los tambores del ejército de los trabajadores vuelvan a tronar exigiendo un cambio de modelo económico, uno más humano. Ernst tiene razón. Que cada quien obre en consecuencia.
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