Desplegado 020512
Gobierno
del Estado de México
no esconde su protección al pulpo camionero
no esconde su protección al pulpo camionero
El 8 de mayo, marcha con 50
mil antorchistas en la capital del Estado
de México,que será precedida
por una campaña nacional de denuncia
A la opinión pública
La respuesta mediática a la multitudinaria manifestación
de más de 30 mil personas, que se realizó el martes pasado en la ciudad de
Toluca, para exigir que el gobierno ponga un freno a la arbitrariedad y al
crimen protagonizados por el violento grupo que monopoliza el transporte
mexiquense, exhibió aún más la complicidad existente entre diversas áreas del
gobierno estatal y ese anacrónico monopolio encabezado por Áxel García.
En vez de responder favorablemente a las peticiones
de los trabajadores del volante, o exponer las razones por las que no las
atiende, el gobierno estatal operó, con recursos oficiales, una campaña
mediática para intentar que nadie se enterara siquiera de las razones de la
marcha, que los manifestantes aparecieran como personas manipuladas o
contratadas, y sus líderes como arribistas que usan ésta y otras luchas
sociales como pretexto para lograr puestos públicos, sin importarles los
trastornos que provoca un acto masivo de esta naturaleza.
Sepultadas en un alud de injurias, ataques
disfrazados de análisis, y calumnias descaradas contra los líderes
antorchistas, quedaron las denuncias sobre las lesiones y amenazas de muerte a
choferes y pasajeros; los robos, destrucción e incendio de unidades provocadas
por el pulpo camionero a los trabajadores que pretenden laborar por su cuenta;
las invasiones de ruta toleradas por el gobierno; las concesiones dadas a manos
llenas a Áxel y su grupo (cuyo fabuloso número presume él, cada que puede) y
negadas sin razón alguna a trabajadores independientes; también fueron echadas
a un lado las razones de la innegable inconformidad que hay en el gremio
transportista contra quienes los han regenteado abusivamente, sin que nada
tenga que ver el antorchismo en la
génesis y escalamiento de esa rebeldía, pues nuestra organización se ha
limitado a solidarizarse con los trabajadores inconformes, sino como fruto
necesario de la descomposición y caducidad de esa estructura corrompida del
transporte público, que ya no funciona ni en lo económico ni en lo político.
Una nota que revela nítidamente el origen
gubernamental del ataque, y que fue usada como molde por otros medios, es la
que presentó el periodista Carlos González, conductor del programa nocturno de
noticias del canal oficial del Gobierno del Estado de México. Ahí, el
periodista se despachó a su gusto contra Antorcha Campesina, en una larguísima
nota en la que jamás apareció la postura de los manifestantes y sus razones
para protestar, cualesquiera que estas sean, ocultamiento que representa una
distorsión descarada y tendenciosa de la información. En cambio, la nota es
abundante en calificativos ofensivos contra los manifestantes (por ejemplo, el
conductor les espetó que “la irresponsabilidad tuvo rostro de antorchista”); en
repeticiones de lo que algunos lamerones
han dicho en otros medios para denigrar a las manifestaciones y defender así a
ultranza a personas y grupos poderosos a los que sirven: “que no están en
contra del derecho a manifestarse, siempre y cuando los manifestantes no
afecten el tráfico de vehículos, no sean un obstáculo para que la gente se desplace
a su trabajo, escuela o cita cualquiera, ni impidan la afluencia normal de
clientes a las tiendas”; o sea, apoyan las manifestaciones, siempre y cuando
los participantes se manifiesten por los aires, o cada quien gritando en su
casa, o en algún remoto cerro donde nadie los vea ni escuche; es casi lo mismo
que afirmar que son firmes apoyadores del derecho constitucional a
manifestarse, siempre y cuando éste nunca se lleve a cabo.
En la nota no hay una sola mención crítica hacia la
mafia del transporte; mucho menos aparece una sola alusión a las autoridades
responsables de que el conflicto se desate y se escale; su ataque no es fruto de un riguroso
análisis de las peticiones de los inconformes, que le habría mostrado al
auditorio que son ilegítimas, exageradas, inventadas, absurdas e imposibles de
cumplir; tampoco analiza si las peticiones son de la incumbencia de la
secretarías de Transporte y de Gobierno y en qué medida éstas han actuado con
lenidad o abierta complicidad con los monopolistas del transporte; el señor
González no puede demostrarnos que investigó el desarrollo del conflicto y
probar que no ensayamos muchos otros recursos antes de perturbar la paz de
otras personas; aquí, como en otros casos, lo que menos importa es el derecho
de los más pobres a una vida mejor y la injusticia social que hay detrás de
cada marcha; la existencia de la garantía constitucional de libre asociación y
manifestación le tiene sin cuidado; simple y sencillamente hay que cumplir la
orden de quien manda y paga.
Tampoco es un truco nuevo poner de acuerdo a
cualquier voz “proveniente de la academia”, para darle “autoridad científica” a
un ataque artero, como lo hizo este señor al pasar al aire a una persona que se
dijo era académica e investigadora, quien tras un pequeño esfuerzo inicial por
darle aires intelectuales a su participación y ocultar su penoso papel de
patiño, de plano se lanzó a ofender a los manifestantes al decir que fueron a
protestar “porque les pagan” y porque sus líderes quieren puestos públicos,
acusación que fue seguida de la intervención final del conductor, que ya
desatado llamó a todos los inconformes, incluidos los “antorchistas que se
quejan del rumbo de la organización, pero no dan su nombre por temor a
represalias”, para que se opongan a esta provocación y chantaje contra la pobre
y cándida autoridad, víctima de intereses perversos.
Algo parecido a esto fue repetido simultáneamente en
columnas, notas y comentarios, con una sincronía y homogeneidad en los ataques
que a leguas delatan el boletín oficial; algunos de estos replicadores de
boletines, contratados para darle vuelo a la versión gubernamental, ni siquiera
se tomaron la molestia de modificarla un poco para hacerla aparecer como fruto
legítimo de su oficio reporteril, y se limitaron a sumarle el nombre del
“autor” y alguna que otra injuria de su cosecha.
Es obvio, entonces, que hay un respaldo total del
Gobierno del Estado de México hacia el monopolio mexiquense del transporte, que
se ha traducido en los oídos sordos que prestan los funcionarios a cualquier
queja o demanda que altere su relación con ese grupo mafioso, que de inmediato
acusa de recibido esa protección, se envalentona y arrecia sus ataques, como
ocurrió menos de 24 horas después de la manifestación aquí señalada, cuando
nuevamente unos tipos dispararon contra cuatro vehículos de trasportistas
agrupados en la empresa Autotransportes México-Zumpango S.A de C.V., robaron a
los pasajeros e hirieron de bala a uno de ellos y amenazaron a los choferes, al
grito de “bájenle de h… porque si no, van a valer madres”, todo lo cual fue
denunciado y consta en las carpetas de investigación 493500210098112 y
4935108338712, iniciadas respectivamente en los municipios de Cuautitlán México
y Cuautitlán Izcalli, sin que haya ningún detenido hasta el momento.
También es claro que la defensa que ha intentado
hacer de sí mismo el pulpo camionero mediante inserciones en los medios, ha
resultado inútil, por torpe y grosera, por lo que el gobierno mexiquense ha
puesto a su servicio su maquinaria mediática, como lo vimos en la manifestación
del martes. A pesar de eso, no vamos a
abandonar a su suerte a los transportistas que han buscado nuestra solidaridad,
sino que vamos a redoblar las acciones hasta que haya una respuesta justiciera
a sus peticiones, por lo que anunciamos la realización de una marcha con 50 mil
antorchistas para el día 8 de mayo, en la capital del Estado de México, que
será precedida de una campaña nacional de denuncia respaldada por el
antorchismo de todo el país.
MUY RESPETUOSAMENTE
LA DIRECCIÓN NACIONAL
DEL MOVIMIENTO ANTORCHISTA
DEL MOVIMIENTO ANTORCHISTA
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