25 de septiembre de 2013

Doble discurso mediático: altruismo y combate a la pobreza

Doble discurso mediático: altruismo y combate a la pobreza
Aquiles Montaño Brito

Tras el paso de “Ingrid” y “Manuel”, dos meteoros que simultáneamente y por ambas costas azotaron al país, casi sin excepción los medios informativos lanzaron una cruzada nacional para que los mexicanos hagamos conciencia de lo urgente que es la ayuda para “nuestros hermanos en desgracia”, que soportaron y padecieron los estragos de una “mala jugada de la naturaleza” contra la que, dijeron, “nada pudimos hacer”. La campaña televisiva y radiofónica se ciñó a dos mensajes: La resignación de quienes perdieron todo y el llamado a la solidaridad de los demás.
           
Sin negar la gravedad de la situación por la que atraviesan centenas de miles de mexicanos, muchos de los cuales perdieron el patrimonio de una vida de trabajo, de donde se desprende que, efectivamente, necesitan de todo el auxilio posible para reconstruirlo, nos parece que la actual campaña mediática desatada para pegarle al corazón de los mexicanos a través de comerciales lacrimosos revela el doble discurso que, sobre la pobreza y la necesidad, construyen la inmensa mayoría de los medios y sus dueños.

El primer error de quienes ahora lanzan la consigna de la colecta nacional de botellitas de agua, incluidos medios, gobierno y empresarios “altruistas” (que bien a bien no se sabe de cuánto dinero se desprenden en las cruzadas que encabezan), consiste en que la ayuda casi siempre llega, como lo dijo el Maestro Aquiles Córdova en su artículo “Las devastadoras inundaciones, lo casual y lo necesario”, sólo a aquellos lugares en donde el mensaje televisivo de los spots puede seguir el curso que interesa a quienes los promueven. Los víveres y las despensas colectadas gracias al desprendimiento de todos los mexicanos llegan, pues, a las zonas en donde se puede montar, con cámaras y toda la parafernalia, el “show mediático” para lucimiento personal del funcionario o filántropo, que nos hace el favor de mojarse hasta la rodillas para entregar la ayuda y tomarse una foto. Acto seguido, los aplausos de conductores y “líderes de opinión”, y los sobados discursos de “nos falta mucho, pero estamos trabajando” del funcionario que cree que con ello da muestras de humildad y humanidad. Así, las más de las zonas siniestradas, las de más difícil acceso y, por tanto, las que más necesitan de los víveres, se quedan esperando. En palabras llanas: medios, políticos y adinerados determinan macabramente a quién sí y a quién no le llega el necesario socorro.

Pero existe un segundo problema, más grave y siniestro todavía: pasado un tiempo pertinente, la atención mediática al problema de los damnificados se diluye como gota que cae sobre el mar. Y esto viene a reflejar la esencia real del altruismo de los medios, que no es otro que jugar a la guerrita contra la pobreza momentáneamente. Los montajes para la televisión sobre las entregas de la ayuda “a nuestros hermanos en desgracia” duran mientras hay botellitas de agua para regalar. Después, a nadie le importa cómo diablos le harán las familias para solucionar su verdadero problema: reconstruir su patrimonio, su casa, sus calles, sus escuelas, sus carreteras y caminos. No le importa a los medios, que ya andan en otros placeres; no le importa a los políticos, que buscan nuevos y mejores reflectores; y, menos aún a los empresarios, más ocupados en crecer sus peculios que en ayudar verdaderamente a los desamparados. Y el show se acaba; habrá que esperar otros “Ingrids” y otros “Manueles” para que los medios se ocupen nuevamente de la pobreza y la angustia de aquéllos a quienes les llovió sobre mojado.

Pero que a nadie se le ocurra, ni siquiera por error, desatar una verdadera guerra de combate a la pobreza, una guerra por los damnificados de los desastres naturales y por los damnificados eternos del poder político y económico, que exigen que la ayuda se entregue todos los días del año, todos los años, mediante los mecanismos que la Constitución de por sí ha dispuesto para ello, pero que nadie atiende, y que consisten en otorgar empleos bien remunerados y obras y servicios para que la gente goce y disfrute de la vida. ¡Ay de aquel que ose discrepar de los campeones del altruismo: serán humillados e insultados! Porque los poderosos también deciden, en su maléfico juego, cuándo sí y cuándo no se ha de dar el necesario sustento. Casi piden a gritos tormentas que les vengan a lavar la cara con un balde de altruismo.

Los verdaderos culpables de por qué, a las primeras lluvias, el mundo se nos viene abajo son precisamente quienes hoy se muestran muy afanosos con los damnificados. En primer lugar, los empresarios, que muestran su verdadera cara cuando recortan los salarios de los trabajadores al mínimo, para que sólo alcance para medio comer, vestir y, en el mejor de los casos, “construir” una casucha en las barrancas y zonas peligrosas o endeudarse de por vida adquiriendo una reducida vivienda mal cimentada, que al poco tiempo ya se anda desmoronando. Que son los mismos que, por ahorrarse unos pesos y sacarle más ganancia al trabajo que les da el Gobierno, mal construyen las carreteras, los puentes y los túneles que ahora vemos caerse cual terrones de azúcar. En segundo lugar, los políticos de todos los niveles porque permiten esto y más, en aras de sacar tajada económica y escalar peldaños en su flamante “carrera política”. Y, finalmente, los medios de comunicación más influyentes, que cuando la gente enardecida decide que ya estuvo suave de migajas y reclama, como es su derecho, que el Gobierno aplique los impuestos en sus necesidades o que los empresarios suban los salarios, lanzan furiosas campañas mediáticas contra los “revoltosos, extorsionadores y chantajistas profesionales” que “bloquean calles” con el único objetivo de “desestabilizar al Estado de Derecho”. Existe, pues, un doble discurso mediático: elogios para quienes ofrecen migajas e injurias para quienes exigen soluciones reales a la pobreza del pueblo trabajador.

No hay comentarios: